Dicen que el tiempo cura todas las heridas,
pero a mi me parece que no.
El tiempo pasa, pero la herida no cierra.
El tiempo pasa, pero no cicatriza.
El tiempo pasa, pero es lo único que pasa.
El dolor, la angustia, el recuerdo de lo que para siempre va a ser un fue... sigue ahí.
Si una herida no cierra, sangra... y si el tiempo pasa, y la herida está intacta, se pierde sangre. Se pierde tiempo.
Porque si ese tiempo que dejamos pasar para sanar, lo usáramos para suturar, la herida sería una cicatriz.
Dejé pasar mucho tiempo, y la herida se hizo más profunda, por eso es que hoy supero mi orgullo y corro desangrándome a pedirte perdón.
Si algo me garantizara que todo volvería a ser como antes, la herida se cerraría sola... pero en cambio, y por desgracia... siempre queda un punto flojo.
lunes, 8 de marzo de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Así las cosas. Somos nosotros.
La vida está llena de color, de magia, de sentimientos, de olores, de sabores, de alegría, de paz.
Somos nosotros los que la desteñimos, descubrimos los trucos, pensamos en vez de sentir. Así las cosas simples como el olor de una flor y el sabor de un caramelo se vuelven tan simples. Así las grandes alegrías de caminar en un día de lluvia, por algún camino desconocido, sin razón aparente, se vuelven alegrías lejanas. Así la paz de uno se convierte en guerra, y si uno no está en paz consigo mismo... ¿Cómo estarlo con el resto del mundo?
Somos nosotros los envidiosos, los rencorosos, los que nos esforzamos cada día más y más en destruir todo lo que nos hace feliz. Somos nosotros los que pintamos todo de gris, los que hacen de la magia algo increíble, los que demuestran que todo tiene un 'cómo' o un 'por qué'. Somos nosotros los que preferimos el perfume importado más caro, antes que el olor natural de un jazmín. Somos nosotros los que buscamos el plato más exquisito y exquisito sin darle valor al pan recién hecho. Somos nosotros los que nos deprimimos por lo que, aunque le hechemos la culpa al otro, hacemos nosotros.
Así los colores se van, así la magia se extingue. Así la paz entra en guerra consigo mismo producto del desequilibrio general de muchos millones de locos, que por la propia incapacidad de ser feliz, arruina la felicidad del otro.
Y aunque lo escriba, lo piense y lo sienta, yo también soy parte de esa masa empedernida en matar la vida, y estar orgulloso de hacerlo.
Somos nosotros los que la desteñimos, descubrimos los trucos, pensamos en vez de sentir. Así las cosas simples como el olor de una flor y el sabor de un caramelo se vuelven tan simples. Así las grandes alegrías de caminar en un día de lluvia, por algún camino desconocido, sin razón aparente, se vuelven alegrías lejanas. Así la paz de uno se convierte en guerra, y si uno no está en paz consigo mismo... ¿Cómo estarlo con el resto del mundo?
Somos nosotros los envidiosos, los rencorosos, los que nos esforzamos cada día más y más en destruir todo lo que nos hace feliz. Somos nosotros los que pintamos todo de gris, los que hacen de la magia algo increíble, los que demuestran que todo tiene un 'cómo' o un 'por qué'. Somos nosotros los que preferimos el perfume importado más caro, antes que el olor natural de un jazmín. Somos nosotros los que buscamos el plato más exquisito y exquisito sin darle valor al pan recién hecho. Somos nosotros los que nos deprimimos por lo que, aunque le hechemos la culpa al otro, hacemos nosotros.
Así los colores se van, así la magia se extingue. Así la paz entra en guerra consigo mismo producto del desequilibrio general de muchos millones de locos, que por la propia incapacidad de ser feliz, arruina la felicidad del otro.
Y aunque lo escriba, lo piense y lo sienta, yo también soy parte de esa masa empedernida en matar la vida, y estar orgulloso de hacerlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)